Cerramientos metalicos
Bajo la expresión “cerramientos metálicos” se hace referencia a dos tipos de construcción considerablemente distintas. La primera de ellas es la que se refiere a la seguridad de un determinado perímetro; es una especie de vallado que previene la violación no autorizada de una determinada propiedad privada. La segunda hace alusión a las estructuras metálicas que se construyen para preservar una determinada superficie de la intemperie. En el presente artículo nos dedicaremos al comentario de ambas acepciones.
Desde la primera de las posibilidades, todo cerramiento metálico ha de referirse a una instalación de seguridad. Se trata, como ya dijimos más arriba, de preservar una determinada propiedad de la intrusión indeseada de individuos y animales varios. En la generalidad de los casos, este tipo de cerramiento se hace con verjas manufacturadas en hierro. La idea es que la “división” (lo que separa la propiedad) sea tan rígida como sea posible. Según el grado de seguridad que se desee ostentar será conveniente apelar a distintos tipos de verjas.
En el caso de lugares donde solo se pretende delimitar la propiedad, y no se esperan intentos violentos para llegar a violarla, lo más accesible es la instalación de verjas comunes. Eso sí; no es preferible clavarlas directamente sobre la tierra. Se recomienda la construcción de alguna estructura sólida que funcione como base. Las más de las veces dicha estructura suele de materiales tales como ladrillos u hormigón. La ventaja de no asentar las verjas directamente en el suelo viene de la mano de la durabilidad. La humedad, presente en el piso, corroe loas metales hasta quitarles sus propiedades de resistencia y dureza. Cuando se quiera proteger un perímetro de forma más sofisticada (en el sentido de tener que impedir, efectivamente, la deliberada intención del paso) será necesario apelar a verjas de diseños especiales.
En todas los casos tendrán que se de una altura no menor a los dos metros y medio (cuanto más altas mejor). La estructura de soporte de dichas verjas deberá ser de hormigón y estar sólidamente asentada en la tierra. Por lo que hace al diseño de las verjas en sí, las más comunes son aquellas que en su parte más alta ofrecen una leve inclinación hacia fuera (hacia el lado no protegido). Esa parte -que se inclina hacia afuera- debe estar construida con algún material cortante. La idea es que cuando un posible intruso quiera trepar la verja se encuentre en la imposibilidad de agarrarse y posarse sobre la parte posterior.
Si el caso fuera extremo, toda construcción de cerramientos metálicos puede llegar a electrificarse. Pero cuidado; no son pocos los casos de accidentes con este tipo de instalaciones de alta seguridad. Poner un cartel de advertencia (a modo de: “cuidado verja electrificada) será siempre indispensable. Dicha protección de perímetros no debe estar nunca en contacto inmediato con la calle. O sea; como primera opción de seguridad se construye un cerramiento común que solo delimita la propiedad, solo el intruso que intencionalmente traspase la primera verja deberá llegar a la segunda electrificada. Sea como fuere, el asesoramiento con empresas especializadas está siempre recomendado.
En la segunda de las posibles acepciones, hemos de entender la expresión “cerramientos metálicos” en tanto estructuras cuya función es preservar ciertos espacios de la intemperie. Siendo que ya hemos sabido tratar este tema en otros artículos (ver entre otros “Cerramientos”, “Cerramientos de aluminio”) solo mencionaremos aquí las principales generalidades.
Las estructuras de cerramiento metálico suelen ser, en líneas generales, muy preferibles a las de cualquier otro tipo de material. Una posible excepción a esta regla está dada por la madera. Muchos son los expertos que sostienen que la buena madera es preferible a las estructuras metálicas. Puede ser, pero de un modo u otro nadie puede negar que la buena madera es, hoy en día, sumamente cara. Por lo que hace a la relación costo-calidad (si de cerramientos estamos hablando) las estructuras de metal son siempre recomendables.
La función más esencial de cualquier tipo de cerramiento es la de proteger una determinada superficie de las lluvias. El principal enemigo es, entonces, el agua y la humedad, y en todos los casos hemos de contar con metales aptos para dicho tipo de resistencia. Más allá de la inmejorables prestaciones del aluminio (tema que ya supimos tratar en otro artículo) solo cabe hablar del acero inoxidable. Se trata de un material sumamente resistente a la corrosión en tanto una parte de su composición está hecha de cromo. Esta particularidad química hace que en este tipo de acero se forme una capa de protección anticorrosiva. El acero inoxidable puede estar, asimismo, compuesto por una proporción menor de níquel. Sin contar con el aluminio, este tipo de metal es, en realidad, el único apto para pensar en cualquier tipo de cerramiento metálico. Su costo no es demasiado elevado y su funcionalidad y resistencia es de excelente calidad.
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