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De hecho, toda la gloría y belleza de tener una fuente de jardín pasa preciosamente por ahí; el sonido del agua en movimiento revitaliza y llena de energía, nos conecta íntimamente con la vida. Así como la posibilidad de tener espacios donde ver arder el fuego constituye el paradigma absoluto de una relajada vida de invierno; tener la posibilidad de contemplar, escuchar y jugar con el agua es el paradigma de la buena vida de verano. Si tenemos que decirlo de forma clara y concisa: la fuente de jardín es una de los lujos decorativos más exquisitos. Antes de pasar a comentar las distintas ofertas y posibilidades que aquellos que estén pensando en fuentes de jardín encontrarán disponibles, queremos dedicar algún espacio a la siguiente cuestión: Una de las críticas más asiduas que reciben las fuentes de jardín es que mucha gente las cataloga como “caprichos antifuncionales”. Veamos: Nadie puede negar que las fuentes son, a todas luces, un lujo.
Y ahora que hemos dejado de lado las discusiones y planteos, será el momento de pasar a comentar las distintas opciones que la construcción de una fuente de jardín conoce. En los apuros del mundo moderno, una de las opciones más comunes a que se puede apelar es comprar una linda fuente de jardín prefabricada. Sí, por supuesto que lo sabemos; se supone que antes que nada las fuentes sean objetos de arte: deben expresar algún mensaje. Y es verdad, pero sea como fuere la compra de fuentes de jardín prefabricadas es un hecho de mercado cada vez más notorio. Sus ventajas vienen de la mano de que, a la vez que se evitan los pormenores de toda construcción artística, dichas fuentes son verdaderamente bellas y resistentes. Las hay de muy distintos materiales y formas. En líneas generales están divididas en dos grandes rubros: Por un lado están aquellas hechas con piedra y, por el otro, las construidas en cerámica. Su instalación es eminentemente sencilla y rápida. Esta es, de las existentes, la opción más cómoda sin lugar a dudas. Pero siempre existen las personas que están dispuestas a resignar comodidad y tiempo en la búsqueda de crear algo verdaderamente artístico. A esos individuos les quedan, básicamente, las siguientes opciones. Primera: se dedican ellos mismos a diseñar y construir su fuente de jardín; segunda: contratan a algún diseñador especializado en el área (solo suelen trabajar en proyectos a gran escala); tercero: compran una o varias fuentes prefabricadas y se encargan de modificarlas y/o unirlas. Si, de forma completamente distinta, usted está pensando en invertir alguna suma importante en la compra de una bonita fuente, lo más aconsejable será apelar al asesoramiento de algún profesional. Se trata, en realidad, de artistas que se encargan, ni más ni menos, que de construir la pieza. Usted puede llevarles o bien una idea o bien un dibujo, luego ellos le dirán las particularidades y los costos.
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