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El primer criterio que debemos tener en cuenta a la hora de iluminar es el aspecto práctico; se aconseja iluminar con una mayor intensidad las áreas con mayor actividad o en las que sea más necesario ver con claridad. Cada cuarto se iluminará dependiendo de las tareas que se vayan a realizar en su interior, pero todos los procesos de iluminación, deberán combinar los res aspectos que nombramos previamente: luz general, de ambiente y directa.
Por definición de luz general consideramos aquélla luz que se encuentra instalada en el techo y que nos permite ver en toda la habitación con detalle, cuidadas reducidas sombras, y los objetos de decoración que contiene; puede tener como foco una lámpara o luces empotradas en el techo, esta última clase de luces son más efectivas en cuanto a la decoración ya que no quitan ni protagonismo ni espacio al resto de los elementos que decoran el lugar. La luz de ambiente, es la que se encarga de revalorizar la decoración y hacer que la habitación sea más confortable, ésta debe ser una luz de complemento, con una intensidad tal que si se apaga la luz principal, el ambiente resultante sea cómodo bajo la luz ambiente. Este tipo de iluminación puede surgir de lámparas de pie o de sobremesa, de flexos, focos móviles, de lámparas de cuadros, etc. Por último nos queda la luz directa, ésta es la luz que incide en un punto determinado; debe ser una luz perfecta, con la intensidad adecuada como para llevar a cabo la tarea que se requiere hacer sin que se canse la vista, pero sin que haya exceso de luz.
Teniendo en cuenta estas tres diversas posibilidades de iluminar cualquier habitación de una vivienda, ahora hay que encontrar el tipo de bombilla o foco más adecuado para nuestro ambiente; esta selección la debe realizar cada individuo considerando las características del ambiente y el propio consumo eléctrico; así entonces, podemos hablar de cuatro principales tipos de bombillas para una perfecta iluminación: Incandescentes, Halógenas, Fluorescentes y las Lámparas de ahorro energético. Las primeras son las bombillas más tradicionales y las más usadas en la mayoría de las casas, además son las más económicas en cuanto al momento de la compra, pero su consumo, por lo general, es superior al resto de los tipos; de todas formas, las diferentes empresas fabricantes han ido evolucionando en colores y formas. La Halógenas nos ofrecen una mayor iluminación y de mayor blancura y concentración que las anteriores, con niveles de consumo muy similares al de las incandescentes, si bien las lámparas tipo halógenas llegan a durar hasta dos y tres veces más. Son muy reducidas si las tomamos como elementos decorativos ya que no se adaptan a diferentes estilos existentes pero son especialmente usadas en áreas de paso. Las luces fluorescentes nos brindan una buena calidad de luz y por lo general resultan económicas debido a que duran 10 veces más y consumen el 80% menos de energía que las lámparas incandescentes.
Tendiendo presente estos datos, ya se puede planear la iluminación del hogar, o bien renovarla para sacar un mayor provecho lumínico con el menor consumo posible. En diseño de interiores, la iluminación se considera como uno de los apartados preponderantes para poder lograr los ambientes deseados en cada espacio de la casa; con la idea de sacar el máximo partido a dicha iluminación, hay que enfocarse en cuatro criterios básicos: puntos estratégicos, contrastes, planificación y aprovechamiento de los colores. En referencia a los contrastes, debemos evitar luces y sombras duras e intentar colocar pequeñas lámparas que ofrezcan una transición entre un lugar iluminado y otro que esté en penumbra; luego, no debemos olvidarnos de que la iluminación debe planificarse en función del mobiliario dispuesto y por último, es vital aprovechar las cualidades de los colores, los muebles oscuros absorben mucha luz y pueden originar reflejos.
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