Cintas transportadoras
Concebida por la inigualable capacidad creativa del genial Henry Ford, la cinta transportadora ha llegado a transformase en uno de los hitos fundamentales de la revolución industrial. La realidad material en la que cada individuo de este planeta se ve inmerso está definitivamente vinculada con este precioso invento. En el presente artículo consideraremos la importancia de la cinta transportadora desde diferentes perspectivas.
La única otra máquina capaz de competir en importancia histórica con la cinta transportadora es -la muy anterior- máquina de vapor. Entre estas dos máquinas tenemos la esencia misma de toda la revolución industrial; una revolución profunda que determinó no solo la forma en la que el ser humano se vincula con los procesos de producción material sino, también (como han sabido destacar historiadores y filósofos), con sus pares de la sociedad. La maquina de vapor significó el fin de la producción artesanal en tanto el reemplazo de la energía muscular por otra proveniente de los conocimientos físicos de la termodinámica.
Analicemos ahora las connotaciones prácticas que implicó la cinta transportadora.
Por mucho que la máquina de vapor haya reemplazado la fuerza de trabajo muscular por la otra de tipo mecánico, el proceso de producción imperante en la industria siguió siendo, hasta el advenimiento de la cinta transportadora, una cuestión relativamente artesanal. ¿Por qué? Muy sencillo: porque no existía la posibilidad de “construir en cadena”. Aquello que se quería producir (desde un automóvil hasta una bala de pistola) estaba estático en un lugar y los trabajadores y operarios de las diferentes maquinas se turnaban para trabajar. Era la necesidad de evitar aquella frase que dice: “Muchas manos en un plato hacen mucho garabato”. Esta necesidad de tener que turnarse para poder trabajar sobre aquello que se quería producir ralentizaba el proceso productivo de forma extrema. Fue entonces, precisamente, la cinta transportadora la que vino a cambiar definitivamente las cosas. Y lo hizo con una de esas genialidades que merecen el aplauso de la sociedad toda; con la cinta transportadora, en vez de ser el operario el que se mueve, se mueve aquello que se ha de producir.
De esta manera, montado sobre el andar de una cinta, lo que se está produciendo va pasando de mano en mano y de parte en parte. La cinta transportadora permite trabajar a escala múltiple porque mientras el operario se mantiene siempre en su lugar, cuando termina de trabajar con una unidad de producción la cinta le hace llegar inmediatamente otra. Los operarios y trabajadores se limitan a ubicarse en distintos puntos del recorrido de la cinta transportadora y, desde allí, van “metiendo mano”. O sea, para decirlo de forma definitiva: Ningún trabajador u operario tiene que esperar a que otro termine su labor; todos pueden trabajar a la vez.
La totalidad de la producción del presente está completamente dominada por la presencia de la cinta transportadora. Ninguna de las sociedades de consumo masivo podría consumir si no existiera aquél invento de Ford. Fíjense ustedes en cualquier foto donde se muestre un procesos de producción industrial; en más del noventa por ciento de los casos podrán observar la presencia de una cinta transportadora.
Una de las genialidades más destacables de este invento, es que el devenir de tecnologías novedosas no le ha significado grandes cambios a nivel de su esencia. La cinta transportadora sigue siendo lo que siempre fue; una “cinta que transporta”.
Mientras todas las maquinas de producción cambian con ritmo frenético (la máquina de vapor, por ejemplo, ya no tiene ningún uso practico en la industria contemporánea) la cinta sigue ahí, incólume al paso de los siglos. Lo que cambia es lo que trabaja sobre la cinta; los operarios, las máquinas y robots, la cinta no.
Desde una perspectiva social la cinta transportadora vino a significar, asimismo, un cambio considerable. Terminó definitivamente con el trabajo de los artesanos. Cada trabajador pasó a ser un determinado engranaje del proceso de producción. La cinta transportadora se limita a unir esos engranajes de forma rápida y efectiva. Los conocimientos de la manufactura no pasan de padres a hijos (como ocurría en los gremios medievales); son patrimonio de las capacidades productivas de las grandes empresas. Pero ¿quién podría comprar una computadora si no existiera la cinta transportadora? Una computadora artesanal tendría un costo multimillonario. Otro de los factores esenciales de esta maquina de producción es que permite reducir los costos de fabricación de manera increíble, poniendo al alcance de la mayoría de la gente cierto tipo de productos que sin ella solo estarían disponibles para los multimillonarios. Y la cosa es, en realidad, así: Hoy en día hay que ser sumamente pudiente para comprar algo hecho de forma artesanal. La producción masiva es la esencia material contemporánea y la cinta transportadora es la esencia absoluta de la producción masiva.
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