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El detector de metales en forma de pórtico es patrimonio indispensable de todos los lugares que, a la vez que poseen una circulación permanente y masiva, necesitan garantizar que los individuos estén desarmados. Se trata de una especie de “marco de puerta” por el que toda persona inspeccionada está obligada a pasar. Si dicho sujeto lleva consigo algún objeto de metal, el detector disparará inmediatamente una alarma sonora y visual. Nos son pocas las veces en que la alarma se acciona porque el inspeccionado olvidó quitarse las llaves o el cinturón. De todos modos, y sin excepción, siempre es necesario que el personal que opera y controla una máquina detectora de metales sea personal de seguridad. Muchas son las oportunidades en que los inspeccionados llevan, por ejemplo, navajas portátiles y se rehúsan a deshacerse de ellas. Siempre es importante saber que una máquina de este tipo puede llevar a situaciones de más o menos violencia. El paradigma práctico de la aplicación de estas máquinas es el siempre famoso caso de los aeropuertos. Es evidente que allí se perdería muchísimo tiempo si se tuviera que palpar de armas a todos y cada uno de los pasajeros que están por subir a un avión. La ventaja de los detectores en forma de pórtico es que permiten ahorrar tiempo y, a la vez, hacen a la comodidad de la gente y, también, del personal de seguridad.
Los detectores manuales permiten identificar en qué parte del cuerpo del individuo se esconde el “metal rebelde”. Por sí solos, estos pequeños detectores solo pueden utilizarse en lugares donde el tráfico de gente a controlar es muy escaso. Eso sí; no cabe dudas de que su efectividad es mucho mayor -a la vez que menos incomoda- a la de palpar de armas. Por último, haremos una breve referencia a un uso menos traumático -y mucho más novedoso- de estos pequeños detectores de metales.
Se trata, en cierto sentido, del ingenioso “buscador de tesoros” moderno. No son pocas las personas que han desarrollado afición por realizar caminatas por la playa apuntando un detector de metales contra la arena. Cuando bajo la superficie se esconde algún tipo de objeto metálico, el detector dispara su alarma y el “buscador de tesoros” se pone a cavar. Si tiene suerte será el nuevo propietario de alguna joya perdida, aunque rara vez ocurre semejante cosa (y es preferible no detallar la basura que suele aparecer en su lugar). Sea como fuere, para un uso tan laxo como este que aquí tratamos, el detector más sencillo del mercado funcionará de maravillas. Lo que sí; habrá que adosarlo a un palo que se pueda llevarlo al ras del piso; de otra manera habría que darse todo un terrible paseo en posición de cuclillas. Al momento de pensar en las marcas que ofrece el mercado, en este caso no es posible hacer una recomendación precisa. Cada uno de los países suele tener empresas locales que se dedican a la producción de este tipo de detectores.Lo mejor será comprobar la idoneidad de dicha empresa tratando de averiguar cuál es su cartera de clientes. Lo detectores de metales pueden llegar a salvar la vida de muchas personas y es indispensable que sean confiables en todos los aspectos.
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