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Por otro lado, la adquisición de la maquinaria ha de estar siempre de acuerdo con la naturaleza de la obra que se ha de llevar a cabo. Lo que sí es posible, sin embargo, es informar al lector de las diversas particularidades que hacen al funcionamiento de un martillo hidráulico. Vayamos un poco al detalle. Lo primero que uno debe saber al momento de pensar en un martillo hidráulico es qué energía de impacto tiene. Existen martillos con energía de impacto sumamente variable; los de menor parten de unos 250 J y los de mayor llegan a unos 8300 J (asesorarse al respecto de las cargas de recuperación). Cuanto más grande sea el poder de impacto mayor será, obviamente, la capacidad destructiva del martillo. Una vez que se sabe esto no ha de ser menor conocer la cantidad de impactos que el martillo aplica por minuto; los más comunes de todos suelen ser de unos 400 a 600. Existen otros indicadores que han de tenerse en cuenta; el caudal de aceite y el peso operativo son, asimismo, de gran importancia.
Lo primero, antes de preocuparse por la integridad y el buen funcionamiento del martillo, ha de ser la preocupación por la salud e integridad del operario y aquellos que trabajan junto a él. A saber: El operario de un martillo hidráulico ha de reconocerse, siempre, como el último responsable del trabajo de dicha máquina (que nunca debe pasar de mano en mano). El trabajo con maquinaria de este tipo produce una exposición permanente a altos niveles de contaminación sonora; la aplicación de protecciones auditivas individuales ha de considerarse como de carácter obligatorio. La posición de trabajo es fundamental; todo operario de martillo hidráulico ha de saber que operar dichas maquinas en la posición incorrecta puede acarrear daños irreversibles en su musculatura y estructura ósea. Cuando en el martillo está en funcionamiento es indispensable que el área a él inmediata se encuentre despejada. Se trata, en todos los casos, desde los martillos más pequeños hasta los más grandes, de un tipo de trabajo con un grado más o menos elevado riesgo; la falta de medidas de seguridad ha de significar, en general, el acarreamiento de lamentables consecuencias. Por lo que hace a las recomendaciones que permitan preservar correctamente la funcionalidad del martillo en sí, lo que sigue es fundamental: El martillo solo debe comenzar a funcionar cuando está correctamente dispuesto sobre aquello que ha de romper; nunca debe golpear “el aire” porque de esa manera se producen daños considerables. El martillo no ha de accionarse, bajo ninguna circunstancia, por más de veinte segundos. Los martillos hidráulicos pueden romper mediante dos modalidades distintas; por impacto o por penetración. Aquellos materiales que se rompen por impacto no pueden ser rotos por penetración (o viceversa). No hay que usar el martillo como herramienta para hacer fuerza de palanca; el martillo sirve para romper, no para remover. Dependiendo de la temperatura del lugar de trabajo, las prestaciones del martillo y sus componentes pueden llegar a variar; si hace mucho frío será conveniente calentar la pica antes de ponerla a trabajar. Existen martillos específicamente diseñados para funciones subacuáticas; si usted pretende utilizar un martillo común para funciones de ese tipo el resultado será, sin ninguna duda, un penosísimo desastre. Controle permanentemente la temperatura del aceite; en ningún caso debe de sobrepasar los ochenta grados. La pica y la superficie que se habrá de romper deben conformar, siempre, un ángulo recto; hacerlo de otro modo implicará el deterioro no solo del martillo sino también de la salud del operario.
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