Aislamiento termico
Siendo que en escritos anteriores hemos abordado ya el tema del aislamiento térmico desde una perspectiva aplicada a la vida cotidiana de las personas y a los espacios que estas ocupan (leer artículo “Aislamiento ignifugo térmico”), en el presente nos encargaremos de desarrollar la misma cuestión desde una perspectiva un tanto más específica y técnica.
Pero, antes que nada, queremos repetir algo que ya hemos sabido decir en oportunidades precedentes. En Tecnositio ninguno de los artículos se escribe con orientación a los expertos de cada sector. La idea de esta página es la difusión, sencilla y accesible, de las miles de particularidades técnicas que los tiempos contemporáneos ofrecen. Los expertos somos nosotros, y nuestra tarea es transmitirles nuestros conocimientos a aquellos lectores que no lo son. O sea: hacer fáciles las cosas que, quizás, en realidad, muchas veces parecen difíciles.
Aclarado lo anterior pasemos a lo que más interesa; ¿Qué hemos de interpretar bajo la expresión compuesta “aislamiento térmico”? Pues bien: Aunque sí, es verdad, estamos hablando de una expresión compuesta por dos palabras, será fundamental decir que es a la primera ellas a la que dedicaremos más espacio. Veamos.
¿Qué hemos de entender aquí, a la luz de esclarecer la expresión “aislamiento térmico” por la palabra “térmica”? Demos una primera respuesta: Por “térmica” (en femenino) se entiende un tipo particular de energía cuyas particularidades y comportamiento suelen ser estudiadas por las ciencias fisicoquímicas. En el mundo existen muchos tipos de energía; la térmica es, simplemente, una de ellas. Pero, como ustedes verán, esta primera respuesta no ayuda demasiado a esclarecer nuestro interrogante primigenio. ¿Cómo poner en relación esta definición de la palabra “térmica” con el esclarecimiento de la expresión “aislamiento térmico”?
Lo que ocurre es que para hablar de aislamiento térmico no tenemos que referirnos a lo que es la “térmica” por si sola. De manera distinta, tendremos que llegar a entender qué es la llamada “conductividad térmica”. Y bueno, nos dirán nuestros lectores: ¿qué es? OK: La “conductividad térmica” no hace referencia a la energía térmica por sí sola; hace referencia a cómo se comportan los distintos materiales en la propagación de dicha energía. O sea: “conductividad térmica” es una expresión destinada al mundo de los materiales.
Vemos la cuestión con un poco más de detalle. La energía térmica es la energía que calórica que se produce a partir del movimiento molecular de las sustancias. Cuanto más movimiento molecular presente en un determinado material mejor conductor del calor será y, por lo tanto, mejor conductor de la energía térmica. Cuanta más movilidad molecular, más calor y más energía térmica. Cuanta menos movilidad molecular, menor calor y menor energía térmica. Lo que la conductividad térmica aplicada hace, entonces, es medir que tan buen o mal conductor de la temperatura (del calor) es tal o cual material.
Entendido todo esto, el significado correcto de la expresión “aislamiento térmico” salta sencillamente a la luz. Se trata de encontrar, mediante estudios fisicoquímicos, qué materiales son capaces de impedir la propagación desmesurada del calor y, de esta manera, lograr preservar a los individuos de las distintas irregularidades y picos térmicos.
El complemento funcional indispensable para toda instalación de aislamiento térmico es, indefectiblemente, un buen sistema de calefacción (para preservarnos de las temperaturas frías) y un buen sistema de refrigeración (para preservarnos de las otras calurosas). O sea: Lo que un asilamiento térmico en realidad hace (a nivel práctico y no ya tan abstracto) es impedir que la temperatura de “afuera” entre en contacto con la de “adentro”. Si afuera hace calor y en una estructura asilada térmicamente nosotros encendemos un sistema de refrigeración, el aislamiento actuará de modo que impida que el aire caliente de afuera entre en contacto con el más fresco de adentro. Y lo mismo a la inversa: Una estructura de aislamiento térmico no permitirá que el aire caliente que produce la calefacción “salga” del ambiente en cuestión.
Así, apelar a una instalación de asilamiento térmico es una de las formas más eficientes de ahorro de energía que existe. En invierno ahorraremos gas o electricidad; porque la calefacción, al no disiparse hacia la intemperie, rendirá mucho mejor. En verano ahorraremos electricidad; porque el aire frío del aire acondicionado no entrará en contacto con el más caluroso del exterior.
También vale la pena destacar que las instalaciones de asilamiento térmico son, a la vez, aislantes de la humedad. A nivel de la sensación térmica corporal, la cantidad de humedad que hay en un determinado ambiente influye considerablemente. El exceso de humedad hace que las temperaturas, altas o bajas, se sufran mucho más. Impedir la propagación de la humedad es, entonces, también, hacer a la comodidad y bienestar de los individuos.
De este modo, al hablar de aislamiento térmico, hablamos de la posibilidad de mejorar notablemente la calidad de vida de las personas.
En los rubros industriales este tipo de instalación puede llegar a ser una necesidad infranqueable. Su aplicación a viviendas es, ciertamente, una cuestión de elección y posibilidades. Nosotros, sin embargo, la aconsejamos en todos los casos.
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